Ejercicio 1 | La ciudad

LA CIUDAD

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Editorial: Ejercicio 1

Urbex (‘urban exploration‘) es la fascinación de algunos fotógrafos por los espacios urbanos abandonados. Sus adeptos no dudan en allanar zonas vedadas arriesgando su integridad física. La descarga de adrenalina que les producen estos no-lugares les ha llevado a forjar todo un subgénero. Manicomios clausurados y fábricas en ruinas rendidas a la entropía se convierten en refugios del vandalismo y el graffiti más grosero. Espacios desahuciados que hieden a orín en los que paradójicamente nos resulta más fácil ver (extrañar) al escurridizo ser humano. En 2020 AD, el concepto urbex cobra un significado totalmente nuevo. Las ciudades son ahora escenarios abandonados en los que cabe exhibir, proyectar, publicar, grafitear obsesiones olvidadas. Bienvenid@s a la ciudad sincara.

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ÍNDICE

🎥 Sincara Teaser, Alex Onôv + Traupmann
🎵 Agujas y Cabezales, Jou Lagerfeld
🎨 Fábrica en ruinas, Daniel García
📷 La ciudad sin cara (I), Perraca Abisal
✍️ 🎨 Noticias del Imperio, América Pacheco
📷 La ciudad sin cara (II), bokehpa
✍️ 🎨 Anacoreta García, Alex Onôv
✍️ 📷 Anoche el respirador, Amelia Santana
📷 Exploradores, Alejandro García
✍️ 📷 Íkarus, Antonio Pacheco
🎨 Sin título, Sr. Lirio
🧠 📷 Infection, J. J. Benítez + bokehpa
✍️ Once treinta y tres, Xiomara Montalvo
📷 Postcards from Mars, Coral Fustero

Cara A: Agujas y Cabezales

Cassette - Agujas y Cabezales - Jou Lagerfeld

Desde su cautiverio, el coleccionista, DJ y vividor madrileño undefined Jou Lagerfeld, conocido por sus sesiones Factory en las noches de sábado, ha hecho una selección de diez temas que pinchó el 10 de abril directamente en vinilo, sin trampa ni cartón. Pulsad play y escuchad mientras leéis Sincara #1.


Ilustración de Daniel García | undefined elsrlirio.tumblr.com

La ciudad sin cara (I): Perraca Abisal

La principal obsesión de mi trabajo fotográfico es positivar la realidad. Encontrar el no-espacio que conforma un lugar vacío pero que, sin embargo, se circunscribe físicamente a las huellas que dejamos en él cuando era un espacio útil. Los cristales rotos, graffitis, restos de basura, las grietas de la pintura, los desconchones, las malas hierbas componen entonces el espacio físico, una especie de déjà vu de nuestra presencia y disfrute de los mismos. En este caso, lo que en realidad estoy captando es lo que no está, lo que falta, estoy captando un momento diferente al actual. Los lugares que ignoramos que esperan ser ocupados, vividos o que esperan convertirse en parte de nuestra memoria merecen también ese registro, esa captación de la nada y de la posibilidad de su vuelta a la vida.

No fotografío la ausencia. Fotografío la vibración de lo que falta, de lo que existió o existirá, de un ruido blanco imperceptible para el ojo pero que retumba en la intuición. El vacío me revela, la mayoría de las veces, más cosas que lo que parece pleno.

Fotografías de Guacimara V. M. | undefined @perracaabisal

Texto de América Pacheco | undefined @amerikapa
https://amerikapa.wordpress.com/

Yo soy Cōātlicuē, diosa terrestre de la vida y de la muerte, la del collar de los corazones de todas las víctimas que fueron ofrendadas a mis pies de Diosa Mexica. Yo soy Cōātlicuē, la Diosa que vino del aire, la de piel caliza, madre bondadosa de cuyo vientre emana todo lo vegetal, pero también monstruo ávido que devora lo que vive sobre la tierra y lo que habita en la lejanía del cosmos. Yo soy La de la falda de Serpientes, madre colosal de Centzon Huitznáhuac, los cuatrocientos rodeados de espinas, dioses de las estrellas meridionales, quienes se sintieron ofendidos cuando di a luz a mi pequeño Huītzilōpōchtli, Dios del sol, de la guerra e hijo de mis huesos y entrañas putrefactas.Yo soy Cōātlicuē, la madre tierra, tan fértil y bendecida, preñada por plumas de colibrí que cayeron a mi regazo para escupir al mundo al Dios todo poderoso del antiguo firmamento. Yo soy Cōātlicuē, madre de todos los dioses del panteón azteca, venerada en silencio por mis hijos mortales que durante siglos han tenido que limpiar la sangre de su devoción por mi abrazo adorando a imágenes morenas menos horrendas a la vista que yo. Yo soy Tonatzin, madre de Ilhuicatl Xoxouhqui Huitzilopochtli, Colibrí del Sur, hermano de Xipe-Tótec, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, ​sobreviviente de la matanza que planearon sus 400 hermanos, bajo el embrujo de su hermana mayor Coyolxaulqui, porque no pudo tolerar el embarazo que vino a cumplir la vieja profecía de parir al dios que destronaría a todos sus hermanos para reinar sobre los hombres del valle y convertirlos en la raza sangrienta, la de las guerras floridas. La que se dejaría vencer por la peste del invasor. Yo soy Cōātlicuē, tengo 1,200 años de edad y 500 de beber, loca de sed, en los incorpóreos canales de la Gran Tenochtitlán, ciudad fantasma que espera una nueva resurrección gracias a los frescos corazones que otro enemigo invisible ha comenzado a colocar a mis olvidados pies de piedra.

Ilustración Alex Onôv | @frescoyseco

La ciudad sin cara (II): bokehpa

El rastreador de no-lugares que se hace llamar bokehpa lleva años aunando dos obsesiones en sus fotos: el formato analógico y la ciudad vaciada — la huida humana y los espacios que dejan atrás. Su “motto”, No bullshit, resume su actitud; mostrar sin tapujos lo que hasta hace poco eran esos ángulos marginales de los que renegábamos, esos recodos desdeñados que ahora no nos parecen tan ajenos en esta encrucijada en la que el mundo entero se ha transformado en un no-lugar que quizá refleje nuestro interior mejor de lo que nunca antes hizo.

Fotografías de Alex Onôv | undefined @bokehpa

Anacoreta García


Lápices de Alex Onôv, color de Daniel García

Anacoreta García vivía enclaustrado en su dormitorio. En la cama, para ser precisos. Allí realizaba todos sus procesos biológicos excepto aquellos que le forzaban a éxodos fugaces al cuarto de baño, donde se sentía como un astronauta sin adiestrar. Contaba trece años de ostracismo autoimpuesto; el mundo exterior y los asuntos de los humanos eran, por lo que a él concernía, negocios liquidados hacía tiempo por bancarrota moral. Anacoreta García se consumía en su depresión.


En el 2020 AD el toque de queda sanitario se impuso por decreto en toda la ciudad. La gente vació las calles y un silencio extraño y tentacular ocupó el volumen del aire entre edificios, plazas y bulevares. Anacoreta García miraba por entre las rendijas de la persiana y la visión de la calle muda y muerta le colmaba de una nueva felicidad. Supo entonces que la gente sufría de estar tanto tiempo encerrada, y aquello también le hizo sentir bien. Se supo entrenado, listo para el nuevo mundo.


Se enfundó sus zapatos, tomó aire, abrió la puerta, bajó la escalera, salió a la calle y, por primera vez en mucho, mucho tiempo, sintió que existía. Notó decenas, cientos de pares de ojos observándole desde las ventanas. Le hizo una peineta al cosmos; la tristeza se había volatilizado. ¡Sí, estaba curado!


Exabrupto de Alex Onôv | @frescoyseco

SINCARA también se oye. En el código se esconde una lista narcótica de 3 horas que aniquila voluntades.

Anoche el respirador


Amelia Santana | @luzantana

Anoche el respirador,
la lluvia coordinada a pesar
de las diferencias horarias
hoy la avena calentita con
sus frutos secos y
los vecinos, compartiendo
gestos ventana-ventana
por la tarde el excel y sus
fórmulas,
los rendimientos netos y las
tipografías

el paisaje parece intocable
solo aguardo al sueño con
mi padre

Íkarus

Íkarus, por Antonio Pacheco
Ilustación de Sr. Lirio | undefined elsrlirio.tumblr.com

Infection

Miré la película Infection de Ryoichi Kimizuka quince años atrás en el tiempo. Mi escena favorita la protagonizan una enfermera y una psiquiatra. La enfermera se pregunta por qué una paciente senil ve a sus muertos en el reflejo de los espejos. La psiquiatra explica haciendo alarde de un providencial espíritu didáctico a una enfermera novata y temerosa: “¿Por qué el rojo siempre es rojo aunque lo observes bajo cualquier tipo de luz? Ya sea bajo la luz del sol, o de una lámpara el rojo siempre es rojo. Esa es la prueba de que el cerebro está creando el color en su proceso natural. Todo lo que vemos es producto de nuestros procesos mentales. Si el circuito mental se ve alterado, los recuerdos se mueven en otras direcciones”. Anoche decidí ver nuevamente una cinta que se resiste a envejecer: un grupo de médicos del turno nocturno luchan contra el contagio de un paciente que abandonaron en urgencias. El virus convierte la sangre en un plasma verde y a sus víctimas en máquinas de autolesión, crimen y locura.

Después de deglutir visualmente aquel Apocalipsis, solo puedo pensar en la próxima salida al exterior. ¿Mi cerebro se mantendrá lo suficientemente sano para percibir con naturalidad el rojo, el verde, o comenzaré a charlar con mis muertos frente a mi reflejo? Quizás y solo quizás prefiera lo segundo.

Texto de J. J. Benítez, fotografía de @bokehpa

Once treinta y tres


El día que me convertí en ausencia fue uno
en el que sin darme cuenta desaparecí durante una persecución.
Soltaba mi corazón sabueso, dejando que diera brincos detrás de ti.
A veces eras liebre y a veces pato.

El punto es, que en una de esas correrías,
mi corazón no regresó más.
Se quedó olfateando un rastro de caracol que confundió con manada de estrellas
sobre la tierra fresca, y no solo te perdió el rastro,
sino que se extravió por completo.

Me convertí en ausencia por que nunca fuiste buena presa.
Te dejaste atrapar y cada vez resultaste incomible.
Dejó de ser divertido y me convertí en ausencia.
Los límites de mis sueños contigo se borraron y todo empezó a ser tan real.

La soledad, la inexistencia, la sucesión de días sin mirarnos, y luego,
aquel encuentro diario de sexo sin presencia, terminó el trabajo
y me convertí en ausencia.

A fin de cuentas y mirándolo bien,
¿quién quiere estar presente en tal situación?
Era mucho mejor estar en otro lado, mientras ideaba una catapulta lejos
de ese lugar, en el que cada respiro

me mataba un poco.


Texto y fotografía: Xiomara Montalvo | undefined @comolepondremos

Postcards from Mars



Fotografías de Coral Fustero | @somethingsburning

 

Gracias por caer tan bajo.
Nos vemos en el nuevo mundo, bajo el sol.

Contacta con SINCARA en el e-mail ✉ sincarazine@gmail.com

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